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Conocimiento espiritual > Religion > Perdón de los pecados
El origen del pecado y el perdón (2)
El pecado en el camino evolutivo del ser humano
Si queremos comprender cómo han surgido nuestros pecados, cómo nos frenan y cómo podemos superarlos, es necesario echar un vistazo a todo nuestro camino evolutivo como seres humanos.
Dado que los seres humanos somos solo pequeños puntos en el universo, y que incluso el inconmensurable cosmos es solo una pequeña parte de toda la creación, toda la información sobre nuestro origen y nuestro desarrollo completo no puede ser investigada por nosotros mismos, sino que solo puede recibirse a través de la revelación; eso es algo inherente a la naturaleza de las cosas. Sin embargo, debemos actuar con gran cuidado y comprobar minuciosamente que todo sea coherente y concuerde con las leyes de la creación, ya que en la era de las «noticias falsas» hay numerosas figuras que, con una imaginación desbordante o incluso con malicia, quieren presentarnos todo tipo de visiones del mundo, pero más bien imposibles. Las siguientes explicaciones han sido extraídas de la obra 'En la Luz de la Verdad - Mensaje del Grial'. Tras un largo y minucioso examen, considero que esta es una fuente de absoluta confianza y coherencia, sobre la cual se basa íntegramente este sitio web. La obra describe, entre muchos otros temas, nuestro origen y nuestro camino de evolución. ¡Estamos observando, por lo tanto, acontecimientos de muchos cientos de miles de años! Presentado de forma extremadamente breve, el proceso es el siguiente:
Toda la creación consta de muchos niveles de diferente gravedad, según la frase de Cristo: «En la casa de mi Padre hay muchas moradas». Los habitantes de los niveles más ligeros y elevados son los más conscientes y desarrollados. Nuestro punto de partida y origen se encuentra en el reino espiritual, el llamado paraíso, concretamente en el lugar más bajo, como granos de semilla espiritual inconscientes. Estos granos de semilla espiritual, de los que todos hemos surgido, son, por tanto, lo más débil del reino espiritual, pero están dotados de las capacidades y el impulso necesarios para desarrollarse hasta convertirse en seres humanos conscientes y plenos. Sin embargo, para poder llegar a la vida consciente, es necesario un viaje a través de los niveles inferiores de la materialidad, en el que la Tierra es para nosotros el punto más denso y el punto de inflexión. Esto también responde a la pregunta que se plantea a menudo: ¿por qué tenemos que abandonar el paraíso y no podemos quedarnos allí y disfrutar de todas las delicias? ¡No se trata, pues, de un castigo o una prueba de Dios, sino de una necesidad de desarrollo!
En esta peregrinación, vamos acumulando poco a poco las experiencias necesarias y vivimos todo lo esencial que nos puede llevar a la madurez. Si no nos hemos perdido espiritualmente, sino que hemos aprovechado las experiencias vividas de forma útil y constructiva, tras varias vidas terrenales y en el más allá, al final podremos entrar plenamente maduros en el reino espiritual eterno, que abandonamos hace mucho, mucho tiempo, con la diferencia de que en nuestro peregrinaje por los mundos nos hemos vuelto tan fuertes que podemos soportar conscientemente la alta intensidad espiritual del paraíso. Cuando entramos en este reino eterno, ya no estamos sujetos a los cambios de forma de la materialidad, con su devenir y su perecer, con el nacimiento y la muerte, y comienza así la existencia eterna en el hogar espiritual. Sin embargo, el requisito previo para ello es que nos hayamos liberado de todo lo falso, lo que nos deprime y nos agobia, de todo pecado, a través del conocimiento; de lo contrario, ¡no es posible entrar en el paraíso debido a la Ley de la Gravedad espiritual! Del mismo modo que no podemos entrar en el más allá, más sutil, con nuestro pesado cuerpo terrenal, lo cual solo es posible después de la muerte terrenal.
Este proceso de desarrollo, de una duración increíblemente larga, debería llevarnos de un estado imperfecto e inconsciente a un estado cada vez más perfecto y consciente, pero sobre una base humana. Está muy lejos de la perfección divina y siempre lo estará.

Sündenvergebung - Entwicklung im Kleinen und Großen
Lo pequeño es como lo grande: el capullo de rosa al comienzo de su desarrollo y la supernova de una estrella moribunda al final de su vida.
¡Nuestro desarrollo humano no es una excepción! Nos sumergimos inconscientemente en la materialidad con el objetivo de volver conscientemente al reino espiritual eterno.
En el proceso, nuestro cuerpo envejece y muere, pero regresamos a la Tierra muchas veces en un nuevo cuerpo: ese es el sentido de la reencarnación.

Imperfección, error y pecado
Toda imperfección conlleva, en cierta medida, errores que debemos cometer para adquirir la experiencia necesaria y aprender a discernir. Como un niño que toca la placa caliente de la cocina, pero que luego asimila esa experiencia para el resto de su vida y, por lo general, no vuelve a cometer ese error. Por lo tanto, los errores forman parte de nuestro proceso de desarrollo, y la Ley del Efecto Recíproco nos trae las consecuencias de nuestros errores. Es la fuerza correctora la que nos permite aprender de nuestras decisiones: en el bien, a través del estímulo y la confirmación; en el mal, a través de las molestias o incluso el sufrimiento que ello conlleva.
Al principio de nuestro desarrollo en la Tierra, los errores eran más bien de naturaleza inofensiva. Como dice la palabra: un error es algo que falta para llegar a lo correcto. Pero entonces se produjo un desarrollo que provocó el descarrilamiento de toda la humanidad: la inmersión en el materialismo y, con ello, el abandono de la comprensión espiritual, que se atrofió cada vez más, ya que dejó de cultivarse y moverse. Nuestra mente se volvió dominante y así nos desviamos de nuestro camino espiritual, ¡que nunca deberíamos haber abandonado!

El cerebro - obstáculo para la comprensión espiritual

Lo que no es de conocimiento general es que el cerebro, por naturaleza, no puede sentir y no tiene conciencia de los valores
si no está guiado por nuestro espíritu vivo y despierto.
Esto lo vemos en numerosos desarrollos perjudiciales del presente, causados por un cerebro que,
debido a nuestra inmersión en el materialismo, se ha convertido en muchos casos en el único dominante.

Pero como la mente, si no está guiada por el espíritu, no tiene una brújula de valores, se abrió la puerta al egoísmo y a innumerables malas cualidades. Y así surgió lo que podemos llamar pecado: la obstinación consciente, pero errónea, que solo se preocupa por sí misma y no por los demás, y el alejamiento cada vez mayor de Dios y sus Leyes perfectas. Así comenzó una evolución errónea en la que, obstinados y tercos, persistimos hasta el día de hoy, y por eso la humanidad se encuentra en el conocido y crítico estado que podemos experimentar a diario. Es más, ¡se encuentra en peligro inminente de extinción!
La Ley del Efecto Recíproco ya mencionada nos trajo, naturalmente, desde el comienzo de este descarrilamiento de la humanidad en un pasado lejano, las consecuencias de nuestras acciones erróneas, a partir de las cuales podríamos haber reconocido fácilmente lo equivocado que era el camino que habíamos tomado. Además, Dios no nos dejó solos en absoluto, sino que nos envió repetidamente profetas y, en la mayor necesidad, incluso a su propio Hijo en Jesús de Nazaret, para apartarnos de nuestros caminos erróneos. Pero fue en vano: seguimos persiguiéndolos, lo que nos acarreó repercusiones cada vez más graves, y ahora nos encontramos finalmente al borde de la ruina espiritual. Sin embargo, todo esto no impide que la humanidad siga sintiéndose grandiosa y especial, así como con el derecho de destruir, como última expresión de esta locura, la base de la vida, nuestro hermoso planeta Tierra, y convertirlo en inhabitable.
... y la poderosa Ley de la Creación del Equilibrio nos exige precisamente compensar estas graves faltas, lo que solo puede consistir en un cambio fundamental, una reflexión, una purificación interior y la firme voluntad de reparar el daño causado.
Por supuesto, nuestro espíritu siente de forma subliminal en gran medida este grave acontecimiento y la gran culpa que conlleva.
Intuimos lo largo que será el camino de vuelta, lo grande que será el esfuerzo necesario para ello, y así las comunidades religiosas lo tienen fácil, aprovechándose de la pereza humana, repartiendo tranquilizantes que prometen una cómoda salvación sin esfuerzo propio, y culminando en la supuesta salvación a través del completamente inocente Jesús de Nazaret.

La verdadera redención del pecado según las Leyes de la Creación
Volvamos a la naturalidad de la voluntad de Dios: Si un semejante nos ha ofendido realmente —no solo aparentemente—, nos ha perjudicado o herido, a los seres humanos nos resulta mucho más fácil perdonar de forma sincera y sincera cuando ese semejante es consciente de su culpa, se arrepiente de forma reconocible y quiere compensarla de alguna manera.
Y así es como realmente se corresponden las Leyes de la Creación: la Ley del Efecto Recíproco nos trae las consecuencias de nuestros actos, con la posibilidad de reconocerlas tal y como realmente se evalúan «desde arriba». Al principio, las señales son más bien suaves, aunque, por supuesto, la gravedad de nuestra culpa, así como el momento y la intensidad de nuestra «contrapartida», ya juegan un papel importante. Si reconocemos nuestros errores y nos esforzamos por corregirlos, la ayuda y la complacencia se hacen notar. Sin embargo, si seguimos mostrándonos reacios a aceptar consejos, estas consecuencias deben ser cada vez más fuertes y severas, ya que el objetivo es el reconocimiento y la compensación.
Por el contrario, en el mejor de los casos, el «castigo» se vuelve leve o casi imperceptible gracias a la Ley del Efecto Recíproco, si abordamos voluntariamente nuestros errores y nos esforzamos sinceramente por corregirlos. Se trata entonces de una liberación «simbólica» indolora, que representa un acto de misericordia que no puede ser mayor. Pero si no cambiamos, se aplica la ley bíblica: «Ojo por ojo, diente por diente», y el destino interviene con toda su dureza.
Según la Ley, los efectos del destino están relacionados en primer lugar con los causantes, por lo que es bueno llegar poco a poco a la siguiente conclusión: No nos preocupemos por los errores de nuestros semejantes, eso ya lo hace la Ley del Efecto Recíproco, ¡sino preocupémonos únicamente por los nuestros! Alejémonos de cualquier proyección de culpa que quiera transferir nuestros problemas a los demás, en lugar de abordarlos y resolverlos con valentía. Si lo hacemos con sinceridad, podremos experimentar milagros tras milagros, ¡solo por el hecho de que la relación con nuestros semejantes mejore en gran medida y se vuelva más relajada! Porque ellos sienten que nuestras críticas y nuestros ataques internos contra ellos, aunque sea «solo» a nivel mental, desaparecen cada vez más.
Si seguimos este camino, también llegaremos cada vez más a la conclusión de que este trabajo exclusivo sobre nosotros mismos no es egoísmo o egocentrismo, al menos si se lleva a cabo de la manera correcta y no con cavilaciones malsanas, sino nuestra contribución más importante a un mundo mejor y más pacífico, porque solo podemos cambiar realmente a nosotros mismos, ¡y a nadie más!
Y cuando realmente hayamos cambiado, entonces podremos ayudar de verdad a nuestros semejantes, que estarán cada vez más dispuestos a aceptar consejos y ayuda, porque sentirán que la actitud que hay detrás es sincera y que solo así se puede ayudar de verdad. En otras palabras: ¡confiarán en nosotros!

Leyes del perdón de los pecados
¿Cómo se produce concretamente el perdón de los pecados según las Leyes de la Creación?
Ya he mencionado en varias ocasiones que la ley decisiva para ello es la Ley del Efecto Recíproco. Intentemos acostumbrarnos cada vez más a la idea de que sin excepción, todo lo que emana de nosotros tiene un efecto energético. Esto se aplica a los actos concretos, a nuestras palabras, pero también a nuestros pensamientos, actitudes internas y mentalidades; ¡también estos últimos, estados del alma invisibles e intangibles, son muy eficaces! Para más detalles al respecto, véase el artículo sobre el poder de los pensamientos.
Imaginemos ahora, con toda sencillez, que todo lo que emana de nosotros forma una especie de «cuenta» en el mundo sutil: lo bueno, lo constructivo, lo útil, lo estimulante se encuentra en el «lado del haber», lo dañino, lo destructivo, el egoísmo y lo inhibidor en el «lado del debe».
En realidad, se trata de centros energéticos que se forman según la Ley de la Atracción de las Afinidades, de acuerdo con su naturaleza, y que provienen de todas las personas de la Tierra que cultivan esta actitud, tanto en el bien como en el mal. La envidia fluye hacia la envidia, el odio hacia el odio, la codicia hacia la codicia, etc. Pero también en el bien, el amor fluye hacia el amor, el altruismo hacia el altruismo, etc. De ello se deduce que los centros que reciben el mayor flujo de la humanidad son también los más fuertes y los que pueden influir de forma más masiva. Del mismo modo, pueden intensificar considerablemente las repercusiones pendientes para una persona, de acuerdo con la frase: «El que siembra viento, cosecha tempestades» (Oseas 8,7). Esto es de gran ayuda en las buenas intenciones, pero también supone un enorme refuerzo en las malas repercusiones. Tampoco es injusto, porque siempre recibimos solo lo que hemos dado, nada más.
Estas formas energéticas están siempre en movimiento, es decir, en cierto sentido «vivas», y de vez en cuando nos traen, de acuerdo con las Leyes Divinas, las consecuencias de nuestros actos: repercusiones agradables, bellas, estimulantes y que nos traen felicidad por nuestras acciones constructivas; inhibiciones, dolor y sufrimiento por nuestras acciones destructivas, y todo ello lo experimentamos entonces como nuestro destino, nuestro karma. Si las consecuencias de una culpa se desencadenan en nosotros y aceptamos esta repercusión como merecida y justa, entonces queda definitivamente resuelta. Sin embargo, si nos enfrentamos a Dios y al mundo y nos consideramos tratados injustamente por el destino, no hemos aprendido nada de ello y, por lo tanto, podemos caer aún más bajo. Por eso, el conocimiento de estos procesos es una ayuda inestimable para aprender a lidiar correctamente con las manifestaciones del destino.
Pero el mayor consuelo reside en el siguiente proceso, conforme a las Leyes de la Creación: como ya he dicho, todo lo que emana de nosotros tiene una gran eficacia energética. Sin embargo, todas las energías tienen una determinada vibración, frecuencia, que a su vez se clasifica según su tipo.
Podemos imaginárnoslo como en la radio, donde cada emisora tiene su propia frecuencia. Pero si cambiamos, si modificamos nuestro camino hacia el bien, la vibración en nosotros también cambia gradualmente y cada vez tenemos menos similitudes con los efectos nocivos que nos afectan. Y así, cuanto más hemos cambiado para mejor, menos nos afecta la repercusión de las culpas antiguas. En ello reside el mayor acto de misericordia del Creador, que así pone rápidamente en la balanza cada buena voluntad y cada mejora voluntaria. Pero también nos exige que nos tomemos en serio el ascenso, porque lo que cuenta es el resultado real, no lo que nos convenzamos a nosotros mismos o nos engañemos. En cualquier caso, vale la pena leer atentamente la conferencia «Ascenso» del Mensaje del Grial, que constituye la conclusión de este artículo.


El poder sanador del perdón sincero
y el significado más profundo de las palabras de Jesús:
«A quienes perdonéis los pecados, les serán perdonados».
Es decir, la expiación de la culpa personal hacia el otro.

Indicios de que se ha producido el perdón de los pecados
Así pues, queda por responder la pregunta planteada al principio: ¿podemos saber de alguna manera si se ha producido el perdón de los pecados o no?
Aquí también influye de manera decisiva una ley de la Creación: la Ley de la Gravedad espiritual. Es la Ley que surte efecto de inmediato cuando se ha producido una liberación interior o, por el contrario, una carga emocional. Entonces nos sentimos inmediatamente más ligeros, más libres, más felices o, por el contrario, deprimidos, pesados o agobiados. Esto se percibe con mayor claridad cuando hemos cometido una falta contra un semejante y, en una ocasión propicia, hemos obtenido su sincero perdón en una conversación aclaratoria. Entonces nos sentimos enormemente liberados. Lo contrario también puede ocurrir, sobre todo cuando nos hemos «quejado» mucho de algo o de alguien, con mucha agresividad detrás. Entonces ocurre lo que indica la palabra alemana para quejarse («beschweren»): literalmente significa «hacerse pesado» (o cargarse de peso). A continuación, no nos sentimos bien, sino cargados, aunque no queramos admitirlo.
Sin embargo, cuando se trata de la liberación de los pecados, debemos tener claro que, por regla general, solo puede ser una liberación parcial. Porque, por lo general, debemos partir de la base de que, en nuestros viajes, o mejor dicho, en nuestros extravíos a lo largo de los milenios, hemos causado mucho daño y, por supuesto, todo ello forma a menudo una enorme cadena que debe deshacerse eslabón a eslabón. Porque no se trata de una culpa, sino a menudo de cientos o incluso miles, que deben ser redimidas en su momento. El destino nos brinda una y otra vez la oportunidad de hacerlo, pero, naturalmente, esto lleva un cierto tiempo, a menudo porque dejamos pasar estas oportunidades sin aprovecharlas.
Sin embargo, si tenemos una firme voluntad positiva en nuestro interior, esta liberación será cada vez más fácil y rápida. A menudo, incluso las buenas acciones espontáneas y útiles pueden provocar la expiación de los pecados y pasan desapercibidas para nosotros en gran medida. Aquí, el mundo espiritual nos ayuda con fuerza y amor; de lo contrario, en muchos casos apenas tendríamos posibilidades de compensar nuestro «paquete de pecados». Y también en esto reside una gracia de increíble magnitud. Sin embargo, el requisito previo es una firme y buena voluntad que perdure.
¡Así que sentimos más o menos la liberación parcial! Pero si, con una voluntad fuerte y buena, se producen de forma continua una gran cantidad de estas soluciones del karma, sin que se añada una nueva culpa de una intensidad y alcance significativos, entonces, naturalmente, se produce una liberación total cada vez más clara: toda la vida se vuelve más fácil, más bella, más soleada... ¡y más digna de ser vivida!
Por supuesto, lo sentimos muy claramente en nuestro interior, y solo eso ya merece el esfuerzo interior necesario. ¡Vamos a ponernos manos a la obra!

Caminos hacia el perdón de los pecados
La siguiente conferencia «Ascensión», del Mensaje del Grial, da indicaciones sobre importantes relaciones conformes a las Leyes de la Creación que condicionan el verdadero perdón de los pecados:
"¡Vosotros, los que con afán buscáis conocimiento, no os enmarañéis en una red, sino tratad de ver con claridad!
Por Ley eterna pesa sobre vosotros una inmutable obligación de expiación que jamás podréis volcar sobre ningún otro. La carga que os imponéis por vuestros pensamientos, palabras u obras no puede ser desatada por nadie más que por vosotros mismos. Reflexionad: de no ser así, la Justicia divina no sería más que mera palabrería huera y con ella todo lo demás se vendría abajo.
Por eso, ¡liberaos! No demoréis la hora de poner término a ese deber de expiación. La sincera aspiración hacia lo bueno, hacia lo mejor, que adquiere fuerza a través de la oración verdaderamente sentida, trae la redención.
Sin querer el bien firme y sinceramente no puede llevarse a cabo expiación alguna. Lo vil seguirá proporcionándose a sí mismo nuevo alimento una y otra vez, volviendo a hacer necesarias nuevas y continuas expiaciones, de tal suerte que lo que se está renovando constantemente os parecerá un solo vicio o sufrimiento. Sin embargo, se trata de toda una cadena sin fin que va atando siempre de nuevo, antes de que lo anterior haya podido liberarse.
De este modo no hay jamás redención alguna, puesto que de continuo se exigen nuevas expiaciones. Es como si una cadena os tuviese atados al suelo, corriendo, por añadidura, grandísimo peligro de hundiros aún más. Por eso, vosotros, los que aún estáis en la Tierra o, según vuestros conceptos, ya en el más allá, ¡esforzáos de una vez por querer el bien! Queriendo siempre el bien acabarán necesariamente las expiaciones, puesto que quien quiere el bien y obra en consecuencia, no da lugar a que se constituyan nuevas deudas que exigen ser saldadas. Entonces es cuando llega la liberación, la redención, que es lo único que permite la ascensión hacia la Luz. ¡Escuchad la advertencia! ¡No hay otro camino para vosotros, ni para nadie!
Esto, a su vez, proporciona a cada uno la certeza de que nunca puede ser demasiado tarde. Claro está que el acto en particular tenéis que expiarlo, purgarlo, esto es indudable; mas en el momento en que vuestra aspiración hacia el bien se implante seriamente, habréis clavado ya el hito que marcará el fín de vuestras expiaciones, pudiendo estar seguros de que este fin tendrá que llegar un día infaliblemente, y que entonces iniciará vuestra ascensión. Con júbilo podréis entonces poneros a trabajar para ir pagando todas vuestras culpas. Todo lo que a continuación se os interponga en el camino será por vuestro bien, os acercará a la hora de la redención, de la liberación.
¿Comprendéis ahora el valor de mis palabras al aconsejaros que comencéis con todas vuestras fuerzas a desear el bien, a purificar vuestros pensamientos? No ceséis en vuestro empeño, sino aferráos a él con todo vuestro ardor, con todas vuestras energías. Ello os eleva a las alturas, os transforma, a vosotros y a vuestro ambiente.
Pensad que cada vida en la Tierra es una breve escuela y que el abandonar la carne no significa el fin para vosotros mismos. Viviréis permanentemente o moriréis de continuo. Gozaréis de felicidad sin ninguna interrupción o padeceréis continuamente.
Quien se entregue a la ilusión de que con el entierro todo queda solucionado para él, todo saldado, que se dé media vuelta y siga su camino, pues lo único que hace con ello es engañarse a sí mismo. Cuando se vea ante la Verdad se quedará horrorizado y entonces comenzará su sendero de dolor… quiera o no. Su verdadero ser, despojado de la protección que le ofrecía su cuerpo, cuya densidad le rodeaba como un bastión, será atraído, cercado y apresado por aquello que le es afín.
Sometido únicamente a la influencia de un ambiente de género afín, que no abriga en sí ningún pensamiento luminoso capaz de despertarle o ayudarle, le será muy difícil y, por mucho tiempo, aún imposible esforzarse para hacer surgir el serio anhelo por mejorar, que es lo que podría elevarle y liberarle. Su padecimiento será doble, bajo el peso de todo cuanto él mismo ha creado para sí.
Por esta razón, la ascensión resulta en tales circunstancias mucho más difícil que en un cuerpo de carne y hueso donde lo bueno camina al lado de lo malo, cosa solamente posible gracias a la protección del cuerpo físico y … porque esta vida terrenal es una escuela en la que a todo “yo” se le ha dado posibilidad de progresar conforme a su libre albedrío.
¡Haced, pues, un esfuerzo! Los frutos de cada pensamiento repercuten en vosotros mismos, ya sea aquí o allá, y sois vosotros los que debéis comer de ellos. ¡Ningún ser humano puede rehuir este hecho!
¿De qué os sirve, ante esta realidad, hundir la cabeza con temor en la arena como lo hace el avestruz? ¡Enfrentad los hechos cara a cara con decisión! Así haréis más fácil vuestra labor, pues aquí en la Tierra se puede progresar con mayor rapidez.
¡Comenzad! Pero con plena consciencia de que todo lo pasado tiene que ser saldado. No esperéis, como muchos insensatos, que la felicidad vaya a caeros del cielo de buenas a primeras entrando por puertas y ventanas. Quizás tenga todavía alguno de vosotros que liberarse de una enorme cadena. Sin embargo, si se acobarda por eso, no hace más que perjudicarse a sí mismo, pues nada se le podrá evitar entonces, nada se le podrá quitar de encima. Demorar las cosas es hacerlas aún más difíciles, si no imposibles por largo tiempo.
Que le sirva esto de estímulo para no perder ni una sola hora; pues con el primer paso es cuando comienza realmente su vida. Bienaventurado el que se decide a darlo con valor; su cadena saltará, eslabón tras eslabón. Con júbilo y agradecimiento avanzará entonces a pasos agigantados y vencerá también los últimos obstáculos, pues se habrá liberado.
Las piedras que los efectos de sus erróneos actos han ido levantando ante él como un muro que forzosamente había de impedir su avance, no son apartadas del medio, sino que, por el contrario, le son puestas delante con todo cuidado para que las reconozca y las supere, puesto que él es quien tiene que reparar todas sus faltas. Y así, no tarda en descubrir con asombro y admiración el amor que le circunda, en cuanto demuestra su buena voluntad.
Se le facilita el camino con tanta consideración y delicadeza, como lo hace una madre en los primeros intentos de su hijo por caminar. Que hay cosas de su vida pasada que le horrorizan en angustioso silencio y que de buen grado dejaría dormitar continuamente … pues bien, cuando menos lo espere, se verá ante ellas cara a cara. No le quedará otro recurso que decidir y actuar. El encadenamiento de los hechos le instará a ello de modo inequívoco. Si entonces se atreve a dar el primer paso, confiando en el triunfo de la volición del bién, se deshará el nudo fatal, franqueará el obstáculo y quedará libre.
Mas apenas haya redimido esta culpa, surge la siguiente, en una forma u otra, exigiendo a su vez ser redimida.
De este modo van saltando en pedazos, uno tras otro, los eslabones de la cadena que, por necesidad, tenía que inmovilizarle y oprimirle. ¡Qué alivio el que ahora siente! Y no es ninguna ilusión esa sensación de ligereza que muchos de vosotros de seguro habéis experimentado ya alguna vez, sino efecto de una realidad. El espíritu, liberado así de la opresión, se eleva ligero y rápido, según la Ley de la gravedad espiritual, remontándose a la región a la que pertenece ya por su liviandad.
Así es como se debe seguir avanzando en pos de la anhelada Luz. Querer el mal oprime al espíritu y lo hace más pesado; querer el bien, en cambio, lo eleva.
Ya Jesús os mostró el camino recto que lleva infaliblemente a la meta; pues una profunda verdad yace en sus sencillas palabras: “¡Ama a tu prójimo como a ti mismo!”
¡Con ellas os dio la llave hacia la libertad y la ascensión! Porque es una verdad irrevocable: ¡Lo que hagáis por el prójimo, lo haréis, en realidad por vosotros mismos! Sólo por vosotros; pues según las Leyes eternas, todo recae ineludiblemente sobre vosotros, tanto lo bueno como lo malo, ya sea aquí o allá. ¡Todo ha de llegar! Por eso, el camino que se os ha señalado es el más sencillo para llegar a comprender cómo han de ser vuestros pasos hacia la volición del bién.
¡Con vuestro ser, vuestra naturaleza, debéis dar a vuestro prójimo! No necesariamente en dinero o en bienes. Si así fuera, los menesterosos quedarían excluidos de la posibilidad de dar. En esa vuestra manera de ser, ese “darse uno mismo” en el trato con el prójimo, en la consideración y en el respeto que le ofrecéis voluntariamente, radica el Amor del que Jesús nos habla y tambien la ayuda que prestáis a vuestro prójimo. De este modo le ofrecéis la posibilidad de cambiar, o de continuar su ascención, pudiendo fortalecerse a través de ello.
Las radiaciones que retroactivamente lleguen luego hasta vosotros os elevarán rápidamente en virtud del efecto recíproco. Por ellas cobraréis de continuo nuevas fuerzas y, con fragoroso vuelo, podréis remontaros hacia la Luz…
Pobres necios, los que aún pregunten: “¿Qué provecho saco con abandonar tantos viejos hábitos y cambiar de modo de ser?”
¿Acaso se trata de hacer un negocio? Y aún cuando sólo ganaran desde el punto de vista humano, adquiriendo un modo de ser más noble, el beneficio ya sería suficiente. ¡Pero es infinitamente más! Repito: Desde el momento en que el hombre comienza a querer el bien, coloca el hito final de su deber de expiación que ha de cumplir y del cual jamás habrá escapatoria. Nadie puede sustituirle en lo que a esto respecta.
Con su decisión pone así un final previsible a su obligación de expiación. Y esto es de tal valor que sobrepasa todos los tesoros del mundo. De esta forma, el hombre puede liberarse de las esclavizantes cadenas que él mismo se forja constantemente. ¡Sacudid, pues, el sueño que os aletarga! ¡Despertad por fin!
¡Acabad con el entorpecimiento que os paraliza, con la ilusión de que la redención por el Salvador es el salvoconducto con el cual podéis entregaros durante toda vuestra vida a un egoísmo despreocupado, con tal de convertiros en creyentes al final, abandonando este mundo con fe en el Salvador y en Su obra! ¡Que insensatos, esperar de la Divinidad una obra a medias, incoherente e imperfecta! ¡Sería lo mismo que querer fomentar el mal!
¡Pensad en ello, liberaos!"
("En la Luz de la Verdad - Mensaje del Grial", 7. conferencia «Ascensión», Tomo 1)


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Si consideran que el contenido espiritual de este sitio web «valores-espirituales» es valioso y convincente, es importante que sepan que el conocimiento fundamental no proviene de mí, sino de la obra «El Mensaje del Grial - En la Luz de la Verdad». Fue escrita originalmente en alemán durante las décadas de 1920 y 1930.

Dado que la verdad real es atemporal, es decir, eterna, lógicamente no ha perdido ni un ápice de su ardiente relevancia. Al contrario: cuanto más caóticos se vuelven nuestros tiempos actuales, más urgente es comprender las causas y los antecedentes espirituales que hay detrás, para que podamos proteger y preservar lo más preciado que hay en nosotros, el espíritu, y así ayudar también a nuestros semejantes a encontrar salidas a este caos.

Cualquiera que desee profundizar en el Conocimiento completo de la Creación y hacerlo suyo, es decir, que quiera más que el contenido limitado que se ofrece en este sitio web, encontrará, a través del enlace a la tienda de la editorial «Verlag der Stiftung Gralsbotschaft», Stuttgart, la opción de solicitar tanto la edición impresa como la digital. Yo mismo no obtengo ningún beneficio económico de la venta, pero me complace contribuir a la difusión de esta valiosa obra y le deseo que le reporte un gran beneficio interior.








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Los temas tratados hasta ahora en español:
Nuevo: El poder de los pensamientos - Los pensamientos como estructuras muy energéticas. El enorme beneficio o daño que pueden causar nuestros pensamientos
La vida después de la muerte - qué sucede después según las Leyes Naturales y por qué ver la muerte de una forma más natural puede ser profundamente liberador.
Nuevo: El enigma de la reencarnación y su solución -  la reencarnación: la clave del sentido y la justicia - ¿Es posible que todos hayamos vivido varias veces en la Tierra?
El Mensaje del Grial – "En la Luz de la Verdad" - una explicación novedosa y exhaustiva de toda la Creación - Introducción
Jesús de Nazaret - por qué Su enseñanza clara y universal era diferente de la que se enseña hoy en día
Las Leyes del perdón de los pecados - por qué la liberación de la culpa requiere nuestra participación
Viernes Santo: la agonizante crucifixión de Cristo - por qué Su crucifixión no pudo traer la redención según las Leyes de la Creación
Por qué la fe debe unirse al claro conocimiento espiritual - un camino hacia la fe consciente más allá de las iglesias y las sectas
Religión - Conocimiento de Dios - por qué lo que las iglesias y confesiones llaman «religión» no suele serlo
Las Leyes de la Creación – la Voluntad de Dios y las fuerzas motrices perfectas detrás de todos los acontecimientos.
1. Ley del efecto recíproco - la Ley universal de causa, efecto y retroactividad - "Lo que el hombre siembre, eso cosechará."
2. Ley de la atracción de las afinidades - cómo las personas que nos rodean nos reflejan nuestro carácter.
3. Ley de la gravedad espiritual - por qué también nuestra vida anímica está determinada por esta Ley.
4. Ley del equilibrio - por qué el cumplimiento exacto de esta ley nos traería un mundo más justo y armonioso.
5. Ley del movimiento - cómo nos mantiene sanos y fuertes.

Otros temas importantes que irán apareciendo progresivamente:
Destino – Fatalidad – cómo podemos mejorarlos en nuestra vida paso a paso mediante intenciones honestas y buenas.
Suicidio – por qué el fin deseado de nuestra existencia no puede producirse según las leyes naturales.
El Juicio Final – por qué es inevitable para la protección y la elevación espiritual de las personas de buen corazón.
El error de la ley de la polaridad – la trampa de la polaridad y el equívoco en nuestro pensamiento sobre el bien y el mal.
Libre albedrío – cómo nuestro libre albedrío determina el curso de nuestra vida y, por lo tanto, la elección entre el bien y el mal.
El celibato – ¿vida agradable a Dios o violación del orden natural? Reflexiones sobre el abuso y la represión de la atracción sexual.

Conferencias seleccionadas del "Mensaje del Grial - En la Luz de la Verdad":
"Exordio" - El prólogo del Mensaje del Grial. Cómo la fe puede convertirse en convicción. (Tomo 1)
5. "¡Despertad!" - Despertar del pesado sueño espiritual. Purificar las actitudes y los pensamientos. (Tomo 1)
6. "El Silencio"  - Sobre el poder del silencio y el uso responsable del pensamiento y el silencio. (Tomo 1)
7. "Acensión" - La superación y la resolución de nuestra culpa. ¿La muerte resuelve nuestra culpa? (Tomo 1)
8. "Culto" - Sobre la nocividad de los cultos engañosos, en particular el culto mariano de la Iglesia. (Tomo 1)
12. "El primer paso" - El enorme impacto de nuestros pensamientos, nuestras palabras y las acciones que se derivan de ellos. (Tomo 1)
13. "El Universo" - La creación, el envejecimiento y la disolución de la Tierra y las consecuencias para nosotros. (Tomo 1)
18. "¿Qué es lo que actualmente separa de la Luz a tantos seres humanos?" - Causas y consecuencias del sufrimiento y el caos mundiales. (Tomo 1)
9. «El Redentor» - La explicación completa sobre el significado y el propósito de la misión de Cristo. (Tomo 2)

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